Antes de un viaje importante solemos pensar mucho en lo que cabe.

Cuántos kilos permite la aerolínea.

Qué ropa llevar.

Qué documentos no pueden faltar.

Qué objeto merece ocupar un espacio que podría necesitar otra cosa.

Elegir qué poner dentro de una maleta también significa decidir qué se queda afuera.

Pero hay algo extraño en esa imagen.

Muchas de las cosas más importantes que llevamos con nosotros nunca estuvieron dentro de la maleta.

También viajaron cosas que no se podían pesar

Viajó tu manera de hablar.

Las historias que conoces.

Las comidas que sabes preparar.

Las canciones que recuerdas.

Las expresiones que todavía utilizas.

Las personas que forman parte de tu historia.

Los lugares que aprendiste a reconocer como propios.

Incluso algunas costumbres que quizá no sabías que eran costumbres hasta que llegaste a otro lugar.

A veces descubrimos lo que llevábamos después de llegar

Hay cosas que se vuelven visibles precisamente porque cambia el contexto.

Una receta que parecía cotidiana puede convertirse en una manera de recordar.

Una palabra puede adquirir otro peso cuando nadie alrededor la utiliza.

Una canción puede abrir de repente una habitación que parecía muy lejos.

Y una costumbre que antes pasaba inadvertida puede convertirse en una pequeña forma de continuidad.

No necesariamente porque queramos vivir en el pasado.

Sino porque nuestra historia también participa de la vida que estamos construyendo ahora.

Tus capacidades también viajaron contigo

No solamente llevamos recuerdos.

También llevamos experiencia.

Maneras de trabajar.

Formas de resolver problemas.

Conocimientos.

Relaciones que aprendimos a construir.

Decisiones que ya habíamos tomado.

Cosas que sabemos hacer y que quizá dejamos de reconocer porque el nuevo contexto las nombra de otra manera.

Cambiar de país puede obligarnos a aprender muchísimo.

Pero aprender cosas nuevas no significa que todo lo anterior haya desaparecido.

No empiezas desde cero

Una mudanza internacional puede producir esa sensación.

Nueva dirección.

Nuevos documentos.

Nuevas referencias.

Nuevas reglas.

Nuevas preguntas.

Pero una página nueva no es necesariamente una página en blanco.

Llegaste con una historia.

Y parte de esa historia sigue participando de las decisiones que tomas, de las relaciones que construyes y de las cosas que todavía quieres hacer.

Quizá valga la pena hacer otro inventario

No el de las cosas que lograste meter en la maleta.

Otro.

El de aquello que llegó contigo aunque no ocupara espacio.

Personas.

Palabras.

Capacidades.

Costumbres.

Recuerdos.

Preguntas.

Formas de mirar el mundo.

Tal vez algunas de esas cosas siguen siendo parte de tu casa, incluso cuando la casa cambió de lugar.


Una pregunta para llevarte:

Si hoy hicieras una maleta imaginaria con todo aquello que no se puede tocar pero que viajó contigo, ¿qué pondrías dentro?