Durante mucho tiempo podemos imaginar el regreso como una especie de camino inverso.

Un día te fuiste.

Y quizá otro día vuelvas.

Como si regresar significara simplemente recorrer el mismo trayecto en dirección contraria.

Pero entre una cosa y la otra pasa el tiempo.

Y el tiempo cambia los lugares.

También cambia a las personas.

El lugar al que imaginamos volver puede no ser el mismo

Mientras estamos lejos, seguimos construyendo una imagen del lugar que dejamos.

Recordamos calles.

Personas.

Sonidos.

Comidas.

Rutinas.

Pequeñas escenas de una vida cotidiana que alguna vez conocimos muy bien.

Pero esa imagen pertenece también al momento en que nos fuimos.

Mientras tanto, la vida continuó allí.

Nosotros tampoco somos exactamente quienes se fueron

Entre la salida y un posible regreso también ocurren cosas aquí.

Aprendemos nuevas maneras de movernos.

Conocemos personas.

Construimos rutinas.

Tomamos decisiones.

Descubrimos capacidades.

Cambiamos algunas ideas.

Conservamos otras.

Por eso podemos volver al mismo lugar y mirarlo desde una persona diferente.

A veces extrañamos también una época

Decimos que extrañamos una ciudad.

Una casa.

Un país.

Pero dentro de esos lugares también estaban las personas con quienes compartíamos la vida.

La edad que teníamos.

Las preocupaciones de aquel momento.

Las posibilidades que imaginábamos.

La persona que éramos entonces.

Y quizá una parte de lo que queremos volver a encontrar pertenece a ese tiempo.

Volver puede abrir preguntas nuevas

¿Sigue siendo este mi lugar?

¿Qué reconozco?

¿Qué me resulta extraño?

¿Qué permaneció?

¿Qué cambió?

¿Qué cambió en mí?

Regresar no necesariamente responde esas preguntas.

A veces las hace más visibles.

Quizá volver no tenga que significar recuperar

Podemos visitar un lugar sin intentar reconstruir exactamente la vida que existió allí.

Podemos reencontrarnos con personas y descubrir nuevas maneras de relacionarnos.

Podemos reconocer lo que todavía sentimos como nuestro y también aquello que ya cambió.

Porque volver puede ser un encuentro entre dos historias:

la del lugar que continuó mientras no estábamos y la nuestra, que también siguió avanzando.


Una pregunta para llevarte:

Cuando imaginas volver, ¿extrañas principalmente un lugar, unas personas, una época o la persona que eras cuando vivías allí?