Extrañar no siempre significa querer volver.
A veces extrañamos una época.
Una rutina.
Una forma de hablar.
Una calle que conocíamos sin tener que pensar hacia dónde íbamos.
Una mesa.
Una persona.
O incluso la persona que éramos cuando vivíamos allí.
Pero extrañar algo no significa necesariamente querer recuperarlo.
Podemos recordar con cariño una vida que ya no elegiríamos.
Podemos extrañar personas sin querer regresar al lugar donde las conocimos.
Podemos sentir nostalgia por ciertas costumbres y, al mismo tiempo, reconocer que nuestra vida ahora está en otra parte.
Las dos cosas pueden existir al mismo tiempo.
A veces la pregunta “¿quieres volver?” es demasiado pequeña
Porque obliga a responder sí o no.
Y hay experiencias que no caben bien en esas dos opciones.
Puedes extrañar y no querer volver.
Puedes querer volver de visita y no para quedarte.
Puedes imaginar un regreso y descubrir que lo que deseas recuperar no es exactamente un lugar.
Tal vez sean unas personas.
Una época.
Una sensación.
Una versión de tu vida.
¿Qué extrañamos cuando decimos que extrañamos un país?
Un país puede contener muchas cosas.
Familia.
Amistades.
Comida.
Clima.
Humor.
Palabras.
Rutinas.
Formas de encontrarnos.
Lugares que conocemos de memoria.
Por eso decir “extraño mi país” puede ser apenas el comienzo de una conversación.
Quizá valga la pena acercarse un poco más a esa frase y preguntarse qué hay dentro.
También nosotros cambiamos
El lugar que dejamos puede cambiar mientras estamos lejos.
Pero nosotros también.
Aprendemos otras maneras de hacer las cosas.
Conocemos personas.
Construimos nuevas rutinas.
Descubrimos capacidades que quizá antes no habíamos necesitado.
Y poco a poco empezamos a tener recuerdos en más de un lugar.
Por eso volver tampoco significa necesariamente regresar a la misma vida.
Tal vez no tengas que elegir una sola respuesta
Puedes agradecer algo de la vida que tienes ahora y seguir extrañando algo de la anterior.
Puedes sentirte cerca de un lugar y construir pertenencia en otro.
Puedes querer a las personas que quedaron lejos sin convertir el regreso en la única manera de seguir unido a ellas.
Quizá algunas historias migratorias no necesitan resolverse escogiendo entre “aquí” y “allá”.
Tal vez puedan contener ambos lugares.
Una pregunta para llevarte:
Cuando dices “extraño”, ¿qué es exactamente lo que estás extrañando?
