Cambiar de país no cambia solamente el lugar donde vives.
También puede cambiar la manera en que organizas el día, las referencias que utilizas para orientarte y hasta algunas de las formas en que te reconoces.
Hay cambios que tienen fecha.
El día del viaje.
La llegada.
La primera noche.
El primer trabajo.
La primera dirección.
Pero hay otros cambios que ocurren lentamente.
No todo cambia cuando llegas
Algunas transformaciones tardan meses en hacerse visibles.
Un día descubres que ya sabes qué comprar en el supermercado sin detenerte a leer cada etiqueta.
Que reconoces una calle.
Que tienes una ruta habitual.
Que ciertas palabras que antes te parecían extrañas ahora forman parte de tus conversaciones.
Son cosas pequeñas.
Pero también son señales de que estás construyendo nuevas referencias.
También cambia la manera en que otros te miran
En el lugar del que vienes había muchas cosas sobre ti que no necesitaban explicación.
Tu manera de hablar.
Tu historia.
Los lugares que conocías.
Las referencias que compartías con otras personas.
Después de migrar, algunas de esas cosas dejan de ser evidentes.
A veces tienes que explicar de dónde vienes.
Qué significa una palabra.
Por qué haces algo de determinada manera.
Incluso quién eras antes de llegar.
Y cuando cambia la mirada de los demás, también puede cambiar la manera en que empezamos a mirarnos.
Pero cambiar no significa empezar desde cero
Antes de llegar ya habías vivido.
Habías aprendido cosas.
Habías construido relaciones.
Habías tomado decisiones.
Habías desarrollado maneras de resolver problemas.
Habías atravesado momentos difíciles y también momentos felices.
Todo eso forma parte de la persona que llegó.
Migrar puede transformar muchas cosas, pero no borra la historia anterior.
Quizá hay cosas que cambiaron y otras que permanecieron
Puede haber nuevas costumbres.
Nuevas palabras.
Nuevos lugares.
Nuevas personas.
Y al mismo tiempo pueden permanecer gestos, recuerdos, capacidades, maneras de relacionarte y formas de entender el mundo que vienen de mucho antes.
Tal vez la pregunta no sea solamente cuánto has cambiado.
También puede ser interesante preguntarte qué ha permanecido.
Una pregunta para llevarte:
Si tuvieras que nombrar una cosa de ti que cambió desde que migraste y una que sigue intacta, ¿cuáles serían?
